Un día en el campo jugaron Sara y Silvia a hacer túneles. Sara, de repente, no podía seguir cavando. Entonces quitó la tierra un poco y avisó a Silvia.
—Silvia, hay un tesoro.
—No digas tonterías, Sara.
—Tú ven y ayúdame a sacarlo —dice Sara— y Silvia le ayudó a sacarlo.
—¡Es verdad! ¡Es un tesoro! ¡Qué guay! —dice Silvia.
Las dos lo intentaron abrir hasta que lo consiguieron. ¡Eran monedas de oro!
—¿Qué hacemos con ellas, Sara?
—Comprarnos cosas —responde Sara.
Las dos se fueron con un montón de monedas a la mayor tienda de juguetes. Cogieron muchos juguetes, pero a la hora de pagar no les dejaban. Entonces, se fueron.
—¿De dónde habéis sacado tanto dinero? —pregunta Marina, una de sus amigas.
—No, lo hemos encontrado en un cofre enterrado. Pero no se lo cuentes a nadie.
Las tres lo mantuvieron en secreto hasta que fueron mayores.

