Todo comenzó un día en una casita. En la casita vivía una familia de dos niñas. A las dos niñas les gustaba bailar.
Un día le preguntaron a su madre si podían ir a ballet. La madre les contestó: Os apuntaré, si os gusta tanto.
Entonces fueron a comprar los trajes de ballet.
—¡Mamá, ahí están los trajes! —dice Clara, que es la hermana mayor.
—María, ¿a tí qué traje te gusta más? —Pregunta la madre.
—A mí me gusta ese porque trae una falda brillante.
—Pues te lo compro —dice la madre.
—¿Y a mí? —dice Clara.
—Ahora. No seas impaciente. Primero voy a buscar las zapatillas para tu hermana María —dice la madre.
Pasó tiempo y ya terminaron de comprar.
—Mamá, ¿cuándo empezamos a ir a ballet? —pregunta Clara.
—Empezaréis hoy, así que vestíos —dice la madre.
Mientras que Clara se vestía, María jugaba con las muñecas porque ya se había puesto el traje.
Pasó una hora.
—Hoy os voy a contar la historia de una bailarina; para eso sentáos en los cojines —dice la maestra de ballet.
—Si te sientas en dos, no hay para todos. Y por eso te tienes que sentar en un cojín. Y ahora empiezo con el cuento —dice la maestra.
Cuando terminó el cuento, entre todas recogieron el cojín en el que cada una había estado sentada. Y se fueron a sus casas.
Cuando llegaron a casa se quitaron la ropa de ballet.
—¿Quiéres jugar a las hadas, María? —dice Clara.
—Sí quiero. Podríamos ser hadas que hiciésemos un baile —dice María.
—Vale —dice Clara.
Y las dos se lo pasaron bien.

