Todo comenzó un día en una clase. Una niña llamada Sofía iba a coger los rotuladores del armario. Se dio cuenta de que el armario tenía unos colores que se movían como serpientes. Al día siguiente, cuando tocó el timbre del recreo, Sofía y su amiga Beatriz se fueron al servicio. Después volvieron a subir. Se asomaron a ver si seguía la profesora. Todavía seguía. Entonces, las dos niñas bajaron al patio. Vieron que hacía mucho frío.
—Vamos a coger el abrigo y de paso me enseñas el armario —dice Beatriz.
—Vale, pero como esté la profesora, te lo enseño ya mañana —dice Sofía.
Mientras que las dos subían las escaleras, la profesora se dio cuenta de que el armario brillaba. Lo abrió y había mucha luz. De pronto el armario se la quiso tragar.
—¡Socorro! ¡Socorro! ¡El armario me quiere tragar! —grita la profesora asustada.
—¿De dónde vienen esos gritos? Parece que son de nuestra profesora. Vamos deprisa a la clase —dice Sofía mientras en la clase la profesora seguía gritando.
De repente, se la tragó.
Y se cerró el armario, pero seguía brillando.
—Mira, Sofía, el armario brilla. Vamos a abrirlo —dice Beatriz, sorprendida.
Y las dos lo abrieron.
—¡Nos quiere tragar el armario! —dice Sofía extrañada.
Se agarraron como pudieron, pero Sofía se soltó.
—¡Dame la mano! —dice Beatriz—, pero se la tragó.
Pasaron dos minutos.
—¿Dónde estoy? —dice Sofía.
—Estás en China, creo —dice la profesora.
—A Beatriz no la ha tragado, pero a nosotras dos, sí —dice Sofía mientras Beatriz bajó al recreo.
—¿Sabes cómo se sale? —pregunta la profesora Carmen.
—¡Dopecas hiey! —dice alguien de por allí.
—Ha dicho que te tienes que montar en el dragón para llegar a la cueva —dice Carmen.
—Pues, ¿dónde está el dragón?, porque los dragones ya no existen.
—Yo creo que lo que hay en el cielo y viene directo a nosotras es un dragón —dice Carmen, un poco sorprendida, como Sofía.
—¡Qué bonito! Es azul, con una gran cola larga y roja. Y los cuernos, amarillos —dice Sofía.
Entonces se montaron en el dragón y les llevó a una cueva que era muy profunda.
—A la que le preguntamos antes, me enseñó un mapa y me lo regaló. El mapa pone que hay que atravesar la cueva para regresar. También pone que hay que beber agua de una fuente, de un grifo, y se abre una puerta que te lleva a un patio de un colegio —dice Carmen.
Las dos entraron en la cueva.
—No pone por dónde hay que tirar —dice Sofía.
Las dos se pusieron de acuerdo y tiraron por el mismo camino. Llegaron a la fuente. Bebieron agua. Pero al cerrar el caño se abrió una puerta, que las llevó al patio por un agujero que luego desapareció.

