Todo comenzó un día, en la casa de una niña. La niña se llamaba Clara. Clara tenía una hermana idéntica a ella. Se llamaba Rocío.
Un día, Clara y Rocío fueron a ballet. Cuando volvieron con su madre, fueron a jugar con las muñecas. Se dieron cuenta de que una muñeca bailarina tenía un botón. Clara pulsó el botón y la muñeca empezó a brillar. En la sombra de la muñeca se veían unas letras al revés.
—Rocío, trae el espejo para poder leer eso —dice Clara.
Rocío le trajo el espejo. —Toma, Clara.
—Gracias. ¡Mira, Rocío! Pone que pongamos la muñeca en la pared.
Al poner la muñeca en la pared, se abrió un pasadizo muy oscuro.
—¿Por qué no echamos un vistazo? —pregunta Rocío.
Y las dos echaron un vistazo.
Bajaron unas escaleras. Rocío pisó un escalón mal y de repente se cerró la puerta.
—¿Cómo vamos a poder salir, si la puerta se ha cerrado? —dice Clara.
—Podemos seguir andando —dice Rocío.
Y las dos siguen hacia adelante. Cuando ya llevan bastante tiempo andando encuentran cuatro caminos distintos y ellas tiran por el de la derecha porque había más luz.
—Mira, mucho dinero y una salida —dice Clara.
Y las dos cogieron todo el dinero y salieron por el mismo sitio que entraron. Y fue su escondite secreto.

