Un día, en un pueblecito vivía una abeja llamada Yuyu.
Yuyu quería irse de paseo al río pero su tía María no le dejaba. Cuando fue su cumpleaños pidió el deseo de que fuese al río. Al día siguiente, cuando se despertó, le preguntó a su tía si podía ir al río. Entonces, la tía le contestó: No, Yuyu, eres demasiado pequeña.
— Pero tita, ya he cumplido ocho años —dijo Yuyu.
— Está bien, puedes ir al río, pero ten cuidado.
Por el camino, Yuyu fue cogiendo frutas para su madre, sus abuelos y su tía. Cuando llegó al río, vió un puente a lo lejos para cruzar. El puente se movía mucho. De repente, se rompió y Yuyu cayó al río.
Yuyu, cuando cayó al agua, se quedó inconsciente. Le arrastraba la corriente, hacia una piedra. Pasó un rato, le recogió una tribu de gorilas. Le llevaron hasta su cueva. En ella, Yuyu se despertó.
— ¿Dónde estoy? —pregunta Yuyu.
— Estás en la entrada de Gololandia —le dijo Gulaka.
— Pero esto es una cueva —dice Yuyu.
— Ya, si sigues hacia adelante, bajas unas escaleras y estás en Gololandia.
— ¡Qué guay! ¿Me puedo ir? —dice Yuyu.
— Claro que sí. Te trataremos como a un miembro más de Gololandia —responde Gulaka.
Entonces, Yuyu siguió para adelante. Después bajó las escaleras y llegó a Gololandia. En Gololandia en todas las calles vivían gorilas menos en dos, la calle de las abejas y la calle de los perros.
Entonces, Yuyu tiró por la calle de las abejas. Ella quería estar con las demás. Yuyu llamó a la primera casa: ¡Pum, pum!
— ¿Quién es? —dice Carlita, una abeja madre.
— Soy Yuyu, una abeja nueva del pueblo. ¿Puedo entrar?
— Sí, no hay problema, la casa es grande.
Yuyu entró.
— ¿Cómo te llamas?
— Me llamo Carlita y esta es mi hija Meli.
— Hola Meli, soy la nueva amiga de tu madre.
— ¿Te vas a quedar a dormir, Yuyu? —pregunta Meli.
— Claro que sí, Meli.
— ¡Qué bien!, dormirás al lado de mi habitación, Yuyu.
— Primero vamos a cenar, chicas —dice Carlita.
— ¿Qué hay de cenar, mami?
— Hay filete de miel.
— ¡Qué bueno tiene que estar! ¿A tí Yuyu te gusta el filete de miel?
— Sí, me gusta mucho.
— ¿Vas a querer repetir? —pregunta Carlita.
— Si quedan, sí. Si no, no —responde Yuyu.
Después de cenar Yuyu hizo pipí.
— ¿Cuál es mi habitación, Meli?
— Es esa, pero primero te voy a enseñar la mía.
— Es muy bonita, Meli.
— Pues todavía no has visto lo mejor.
— Si das a esta palanca se da la vuelta el mueble y se queda un poco abierto, para pasar a la habitación donde vas a dormir. En la tuya, igual. Mi madre no sabe nada.
Al día siguiente.
— Buenos días, Meli. Buenos días, Carlita.
— ¿Habéis dormido bien? —pregunta Carlita.
— Yo sí —dice Yuyu.
— Y yo también —dice Meli.
— Están muy buenas las tostadas de miel, Carlita.
— Gracias, Yuyu.
Pasó un rato.
— ¿Salimos a dar un paseo, chicas? —pregunta Carlita.
— Vale —contesta Yuyu.
— Yo sí quiero, así vamos al parque —responde Meli.
Al día siguiente.
— Adiós, Carlita. Adiós, Meli. Vendré a visitaros de vez en cuando —dice Yuyu llorando.
Yuyu emprendió su camino de vuelta a casa. Cuando llegó al puente se dio cuenta de que no podía pasar. Entonces, a lo lejos, vio unas piedras en línea y decidió cruzar por ellas. Por fin llegó a su casa.
— Pero, ¿qué te ha pasado para tardar tanto tiempo, Yuyu? —le pregunta su tía María.
— Es que fui a una ciudad de gorilas.
— No, Yuyu, no me mientas, y no te imagines las cosas.
— Está bien, me quedé dormida al lado del río, tita —dice Yuyu, mintiéndole.
